viernes, 8 de marzo de 2013

Chapado a la antigua, el reencuentro


Primero escribí Chapado a la antigua, después me encontré con el cartel de la foto y decidí continuar la historia.

Se despertó de madrugada con la seguridad de que algo grave había ocurrido. Le bastó una mirada al otro lado para descubrir que ella ya no estaba. Su compañera de tantos años, había sido sustituida por otra tan diferente, tan recta y diferente.
Pero ¿cómo había ocurrido? Era incapaz de contestar a esa cuestión, la existencia de ambos había estado ligada desde que tenía memoria. Recordaba haber compartido plástico, el momento en que les pegaron a la puerta midiendo bien para que no quedara él más alto.

Ahí, a la misma altura algunas veces hablaban, él se quitaba el sombrero para saludarla y ella subía y bajaba la sombrilla. Se habían prometido mil veces dar un paseo juntos pero la seguridad de que podrían quedar para otro día les impidió hacerlo. Hasta que ella se fue.

Al principio decidió esperarla, esperar para recuperar el equilibrio pero no ocurrió nada más que la presencia de su nueva compañera se le hizo insoportable.

Un día decidió ponerse en marcha, durante años recorrió puertas de baño de hoteles, restaurantes, discotecas, museos sin éxito, pasó tanto tiempo que llegó a perder el color y el brillo de la placa pero no la esperanza de encontrarla.

Esta mañana por fin le parece verla, se acerca poco a poco para disfrutar de cada paso, tantas veces soñado, le guiña un ojo, se quita el sombrero. De repente le entra miedo ¿y si no le reconoce? Se detiene durante unos segundos y la observa. Pero ella se dirige a él y sonriendo le invita a dar por fin ese paseo.