viernes, 14 de septiembre de 2012

Primera vez

Jorge puede sentir el silencio al llegar a la sala de espera, aunque sabe que ya estarán allí, es un silencio de gente callada. Entra y va mirando uno a uno a la cara para saludarles con un gesto, no tiene ganas de volver a escuchar sus comentarios sobre lo mal que lo tiene que lo estar pasando, lo joven que es, lo mucho que Mayte le quería..., ya han hablado suficiente en tres días: por teléfono, en el hospital, en el tanatorio.

Se sienta y mira hacia la ventana, le sorprende encontrar allí a alguien a quien no reconoce, intenta tranquilizarse pensando que puede tratarse de algún primo de Mayte pero no puede continuar con sus pensamientos porque el notario les manda entrar .

El desconocido se vuelve y Jorge reconoce el gesto de su mujer.


Jorge le pega una calada al porro, suelta el humo lentamente echando la cabeza hacia atrás y se lo pasa a Mayte.

-¿Vas a contestarme o no?

-¿A qué?- dice besuqueándole el cuello.

-No te hagas la tonta, ¡por favor!

-Es que no entiendo por qué te empeñas en preguntarme lo mismo una y otra vez.

-Para mí es importante.


Hace unos minutos que entraron en el despacho, Jorge no ha sido capaz de entender ni una palabra del testamento. En el hospital le dijeron que podría estar unos días ausente, en realidad formaba parte del shock, tenía que tener paciencia. Al escuchar esto entró en cólera, ¡cómo iba a tener paciencia cuando tenía que decirle a su hija lo ocurrido! De los gritos pasó las lágrimas y el dolor se diluyó un poco.

En realidad no era la tristeza lo que le impedía comprender, sino aquel desconocido, en lo más profundo de su ser una duda le atormentaba, desde que se sentaron, le observaba para encontrar cada vez más pistas que le confirmaban sus temores, pero no se atrevía a aceptarlo. ¿Formaría esto parte del shock? Quizá se lo estaba inventando, no le había visto hablar con nadie.

Si un desconocido hubiera aparecido así como así, alguien le habría preguntado quién era o qué hacia ahí. ¡Estaba claro! ese hombre era fruto de su imaginación, nada más. Con ese pensamiento consiguió relajarse, dejó de mirar hacia el extraño y se concentró en las palabras del notario.

-...por tanto empezaremos con sus herederos directos, doña Mayte Ferreiro Martín quiere dejarle a su hijo primogénito Jose Vicente Verdú Ferreiro la casa de Madrid donde actualmente reside, así como.



Mayte da una calada corta, mira hacia Jorge, sonríe y echa el humo hacia arriba imitándole.

-Está bien...

-¿Entonces?

-La primera vez fue contigo, tú fuiste el primero, ¿ya estás más tranquilo?

1 comentario:

Ximens dijo...

No conozco la primera versión pero esta me gusta mucho por el misterio que se crea y por su estructura. Quizás, solo quizás la referencia a su hija en el hospital está un poco con calzador, sobre todo por el cambio de escenario notaría-hospital. También la referencia a "lo joven que es" el protagonista descabala con respecto al primo, cuestión de edades. Pero no me hagas caso, está muy bien.